
Intento concentrarme, pero la incertidumbre de los días sin descanso, sin tiempo libre me abate. No acostumbro sentirme triste, las preocupaciones son un alimento que no forma parte de mi menú de sensaciones, de situaciones. Lo convencional, es la monotonía, lo sensato, la cordura. La aventura es lo nuevo, lo arriesgado, lo divertido, la locura.
Te embarcas en un viaje sin un retorno seguro, traspasas la distancia, el tiempo y la conciencia. Te ves al espejo y los años no parecen haberte maltratado como antes parecía, te sientes vivo, te sientes joven, te sientes ser lo que ya dejaste de ser hace ya muchos años
Ya no es necesario extrañar el pasado, pues cavalgas sobre un futuro intenso, de nivel trascendental, como un retoño de estrella, como un ave fénix resurgido de entre las cenizas. La siniestra noche, es la misma que antaño te atrajo, y te envolvió en fúnebres dilemas de amor y desamor. Esa noche que acuñó tus mas siniestros planes, quien teñida de negro sirvió como un condensador de ideas, de sueños. Ya sientes la juventud entre tus venas, tu corazón se siente latir y olvida el desdén de los años transcurridos. Las añoranzas no son necesarias pues ya posees ese don, ese regalo de vida, esa juventud inefable, que muchos quisieran mantener. El cuerpo nos engaña, pero nuestro espíritu es fuerte, no se deja vencer, lucha por mantener la firmeza del alma, lucha por hacernos sentir felices de ser, y nos empuja a lograr todo lo que nos falta, y aunque parezca que tu vida ya esta en el final, aun queda mucho por hacer, aun la seductora y siniestra noche te llama a su encuentro, a su morada. A perseguir nuevas aventuras, a vivir, simplemente a vivir.

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