
Para todo estudiante de medicina, hasta para el más insulso, su principal deseo, al iniciar esta larga jornada, es enfrentarse a una de las más temidas asignaturas de su carrera, la anatomía. Una asignatura cubierta de misticismo y con un valor significativo en la carrera medica, siendo una de las materias básicas, que junto a la fisiología y la histología forman el trípode esencial que sustenta el desarrollo y aprendizaje de las asignaturas clínicas.
Conocer esos extraños nombres, que muchos desconocen, provoca en el estudiante un aire de intelectualidad y superioridad que le coloca por encima del común. Cada órgano, cada musculo, cada fascia, cada centímetro de nuestro cuerpo se convierte en un conocimiento nuevo, pero tan antiguo como la vida misma. Pero esa pasión ira transformándose, canalizándose y concentrándose en ese sistema de órganos que nos atrae, nos llama y nos convierte en un apasionado de su anatomía, de su fisiología, de su “defensa”. Para cada uno ese es el sistema, el órgano que mueve esta intrincada y compleja maquina llamada ser humano, y sin él la vida y el existir no tendrían cabida, pues su función es superior a la de los demás.
Esta situación es una constante y motiva airadas discusiones sobre la naturaleza y la importancia de ese trascendental sistema. Los protagonistas, que más comúnmente son sometidos a discusión por estos implacables e inclementes jueces son: el Sistema Nervioso (Encéfalo), el Sistema Circulatorio (Corazón), El sistema digestivo (Hígado), Aparato Excretor (Riñones) o el Sistema Respiratorio (Pulmones). Sin quizás estos son los órganos que motivan las mas furibundas discusiones, hasta entre los mejores amigos, quienes con ímpetu y ferocidad defienden una solida posición que es invariable, amparados en alegatos y argumentos irrefutables.
El encéfalo juega papel en el control de las funciones orgánicas, que no deviene sin denotar esa gran categoría y jerarquía que supone su credencial de control general de todos los sistemas y funciones del organismo. Pero, ¿cuál sería el comportamiento de un sistema nervioso bañado en deficiencias, sin una fuente constante de Glucosa que es sin dudas su principal fuente energética?, ¿qué lograría por sí solo, sin la tarea necesaria de nuestro laboratorio biológico, el hígado?. Pero hasta el laboratorio más moderno y de vanguardia necesita el aporte de materia prima, y fuentes potentes de energía que sustenten el trabajo incesante que realiza, así como el medio de transporte que haga llegar el fruto de un trabajo sin iguales, que no es equiparado por nada ni nadie en este mundo, y es entonces cuando el corazón, con un trabajo sin descanso entra en función y justifica su lugar. Pero, de que serviría tan voluminoso sistema muscular y esa enmarañada red vascular, que sin descanso suple a todo el organismo de metabólitos necesarios, sin precisamente esa fuerte de oxigeno, que es elemental para que toda la economía desarrolle su trabajo; un trabajo arduo, representa este contante ejercicio de aporte continuo de oxigeno. Pero cuando de limpieza se trata y de eliminar la mugre y los desperdicios producidos por otros, hace su entrada uno de los sistemas más complejos y útiles del organismo, el sistema que con los riñones a la cabeza, limpia el organismo de las impurezas y los desechos más peligrosos.
Es así, con argumentos más que sólidos e infranqueables, que cada uno defiende el sistema u órgano que más le apasiona o levanta su interés. No puedo negar, que al igual que los demás tengo mi favorito. El simple hecho de ver como cada órgano, de los ya mencionados, juega un papel elemental en el desarrollo de la vida, levanta en mi un deseo de conocerlo, de saber cuál es su aporte a esto que llamamos vida, y como su patología puede hacerla ausentar.
Pero hace unos meses, creo que encontré la respuesta más adecuada para una pregunta que levanta tanta suspicacia y discusiones. Es admirable como la mujer, no solo en la especie humana, es capaz de gestar y dar “origen a otra vida”, a otro ser. En nuestro caso eso sería imposible sin un órgano en particular, ese órgano que con ya un poco de madurez, reconozco como el más importante, pues su ausencia condenaría a la raza humana a la desaparición, a la extinción sin remedio.
Por tanto, aunque reconozco que el corazón, el encéfalo, el hígado, los pulmones y los riñones son órganos esenciales para la vida, debo por igual comparar o superponer el trabajo del útero, sin el cual no existiría la vida humana, puesta hasta que el ser humano, en su inmensa soberbia e insolencia, intente recorrer el camino que busque cambiar la naturaleza del origen y desarrollo humano, no habrá sistema orgánico o maquina alguna que equipare este magnífico y majestuoso trabajo.
Quizás su función no está relacionada directamente con el mantenimiento de la vida, y su ausencia no condiciona enfermedad alguna, pero de algo debemos estar seguros, y es que sin él la gestación humana sería prácticamente imposible y nuestra desaparición de este mundo, al que hemos maltratado, sería inminente. Quizás, esto pueda resultar estúpido, pero cada parte de nuestro cuerpo debe ser admirada, aunque no venerada, pues representa la mayor obra de ingeniería biofísica y bioquímica de la naturaleza, pues somos seres superdotados, en cuyos hombros descansa el futuro de este mundo.