Un día como cualquiera, y la idea aun sigue en mi cabeza. Sigues negándote, sin comprender lo interesante y envolvente que encuentro tu peculiar imagen desnuda, descalza, carente de abrigo. Mi mente es capaz de imaginarte así, justo en el momento del éxtasis superior que engendra un encuentro sensual como el que deseo contigo. Pero algo te aflige, quizás es ese fantasma caprichoso que no deja en paz el alma de mujeres como tú. Pero está ahí, impregnándote, y te abandonas a su juego, a la absurda posibilidad de emociones sin sentido, que puedan aprovechar la situación y colarse, trastornando esa imagen que tenemos el uno del otro. Comprendo y entiendo tus inseguridades, pero no seas tan ingenua, el tiempo justo para cada cosa no lo determinamos los mortales.
Intento seducirte, pero cada palabra es insignificante, estas absorta, te distraen las emociones, no piensas en las pasiones y solo buscas un trasfondo que no existe. No intento enamorarte, y dudo mucho que tu inteligencia tan madura sea sorprendida por mi ingenio tan trivial. Me atrae tu inteligencia, tu calma y tu sobriedad, maneras que te hacen ser un ser sensual, atractivo. Y aunque no me sorprendes, aun así me siento encantado, como si hasta este momento me hubieses sido completamente desconocida.Y es cruel, pues mientras intento sonsacarte, haces de cada negativa una forma vil de rechazo. Me humillas a cada momento, surtiendo un efecto devastador en mi ego. Fracturas mi orgullo, pero logras hacer de ello un ingrediente que da un sabor agridulce a la situación, por eso no desisto, y lo intento tantas veces como me permitan los buenos modales, como me permita mi ego herido, como me permita el tiempo mismo y la razón. Y te parece irracional, sorpresivo e irreal todo lo que te digo, pero es cierto y no intentes buscarle sentido al sin sentido, porque no todo es natural, también existe lo sobrenatural. Esas situaciones que te embargan de repente, te abruman y no te permiten más remedio que declararte culpable, culpable de sentir, de querer vivir y disfrutar de otro ser que parece especial, que parece distinto pero a la vez tan parecido a ti mismo.
Son tantas las maneras en que te niegas que nada me sorprende, tus excusas son insignificantes, pero certeras. Y sabes cómo taladrar cada argumento, cada intento satírico, mordaz, pero ingenioso. Y se me acaban las ideas, pronto seré sobrecogido por un vacío de ideas, por mi incapacidad de refutar tus razones, pues tu inteligencia me colma. Pero existen razones para tantos intentos. Y es que has calado mis más bajos instintos, y logrado que te vea como la camisa justa que necesito para vestir mi alma de nuevas sensaciones, de caprichos alucinantes, de sexualidad inédita.
Y en este momento abandono el anonimato, y muestro mis intenciones. Desnudar tu cuerpo y recorrerlo como un paisaje desconocido. Emprender la búsqueda del tesoro escondido y tan anhelado, enfrentándome a quimeras y a puras invenciones de momentos de desenfrenada pasión, en los que mi cuerpo se desliza sobre el tuyo, sintiendo la sustancia que liberas como respuesta a mis roces. Enjugar tus labios en los míos, y llenar la rivera de lo desconocido con pasiones frescas. Entregártelo todo, hasta verte rebosar de la ambrosia que fertiliza y origina la vida. Ya sabes, quiero regalarte mi desnudez, mi sexualidad sin ningún tipo de avenencia, más que el acuerdo de eterna reserva, para obviar en futuros encuentros recuerdos de una noche de sexo desenfrenado, y bajas pasiones que fueron y no deben volver a ser.

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