viernes, 29 de agosto de 2008

Una deuda muy cara


Si seguimos el camino que llevamos, terminaremos destruyendo la herencia más valiosa que Dios nos dio, el mundo. Por más insólito que parezca, el daño que le estamos haciendo a la tierra, nos lo terminara cobrando con creces. Ante ella solo somos simples cucarachas, que puede destruir en el mismo momento que se le antoje.

No sigamos destruyendo tan preciado regalo, tan hermosa herencia, hagamos todo lo que este a nuestro alcance por salvarla. Que nuestra preocupación pase de ser un pensamiento que nos intimida y nos asalta en los momentos menos oportunos, a ser actos que busquen mejorar las condiciones en la que vivimos. Digamos no a la contaminación y con nuestro actuar demos ejemplos a los demás.

Es que creemos que estos problemas no serán visibles hasta otras generaciones!, pero no es así, puede que nos veamos afectados por ellos antes de lo previsto, y es que solo la naturaleza es quien tomara la decisión de cual es el momento oportuno para cobrarnos todas y cada una de las cosas que hemos hecho en contra de ella. Además ¿qué estamos haciendo?, con nuestros hechos estamos siendo egoístas, pues no pensamos en las futuras generaciones. En nuestros hijos, nietos y demás, que heredaran lo que dejemos en esta tierra.

Piénsalo, y actúa, pero hazlo, con el firme propósito de salvarte, y salvarnos, incluyendo a los tuyos. Di no a la contaminación, a la destrucción inconciente de la naturaleza, y al uso indiscriminado de combustibles fósiles... Es hora de que hagamos algo, tu y yo, para cambiar el curso de la historia.

Al final solo algo vale la pena


Pronto llegaran los días llenos de tareas, muchas por comenzar otras mas por terminar, en ese permanente vaivén de las horas que parecerían burlarse de nosotros al esfumarse en pocos instantes, dejándonos poco más que pequeños momentos para poner fin a tantos quehaceres. Ocupamos toda nuestra vida en un juego carente de sentido, cuando en el faltan los sentimientos justos que contrastan con lo deprimente de vivir en la rutina.




Cuando termina el día, el solo pensar en el inició del próximo puede afligirnos y hasta motivar en nosotros un cierto aire de desastre, desolación y miseria, que nos empuja como un inmenso iceberg al fondo de la amargura. Pero como titanes y titanides sabemos levantarnos, esforzarnos por comenzar esta nueva faena brindando un sonriente rostro a quienes nos rodean, por que sabemos que la tristeza es como la peor de las infecciones, se transmite con una facilidad increíble a todos quienes nos envuelven.


Pero esta situación, que es sin quizás desoladora y desesperanzadora, solo es pasajera, pues en nuestro ser existe una fuerza estabilizadora, que nos empuja de manera irrevocable en busca de algo mas, ese algo que haga difundir por nuestro espíritu esa carga de esperanza, que alimenta y motiva los grandes cambios del alma. Es por esta fuerza, que desde lo más profundo de nuestro ser, fluye una energía radiante, transformadora, que hace de cada día una experiencia nueva, un ensayo más de felicidad y confort, que da a la vida otro sentido, algo mas por que vivir. Y esto es lógico cuando somos seres soñadores, idealistas y con un espíritu lleno de deseos altruistas, que hacen que el amor valga la pena.


¡Amor!, un sentimiento que muchos saben que existe, pero que al final desconocen, pues su sentido es tan extenso y complejo que pareciera escapar a la comprensión humana. Es un sentimiento indescriptible, que influye en nuestra vida y que es motivo de decisiones, de acciones, de resultados. Es intangible e incuantificable, no existe nada parecido, pues ni su contraparte llena al ser humano de esa pasión desbordante, que baña nuestro ser con una cascada de ilusiones, sueños y deseos, que hinchan nuestro corazón, a tal punto que nos asalta la idea de que podría estallar, o romperse en pequeños trozos si no ponemos fin a tanto sobre salto, a tantos sueños, a tantas pasiones que llenan nuestra alma de alegría y felicidad. Y al final esto es lo que importa, brindar al alma la alegría y la esperanza de un verdadero amor.

sábado, 23 de agosto de 2008

Unas medallas mas


Una historia de muertes, colonialismo y esclavitud baña los orígenes de República Dominicana. El encuentro de dos continentes no dejo para nuestro país nada diferentes a lo que dejo para las demás naciones latinoamericanas. Los europeos dejaron a su paso plagas, pestes, muerte, destrucción, miseria y un sin número más de desgracias y tragedias. Pero no obstante a todo eso, dieron fin a cientos de culturas, incluyendo la taina, cometiendo uno de los más grandes genocidios de la historia humana.

Desde ese tiempo a esta parte la historia dominicana a tomado giros inesperados, que como es común a todos los pueblos latinoamericanos, implicaron crueles caudillos, duros tiranos y una libertad irreal y efímera que costo mantener a base de sangre, sudor y lagrimas.

Pero aunque hemos sobre pasado ese duro colonialismo, insensato y cruel, aun parece que quedan vástagos de tiranía y pequeños rastros de insensatez, que se concentran en nuestros más altos líderes, esos que ocupan la cúspide del poder. Ya es muy común para nosotros escuchar sobre tantos actos de corrupción, y sentarnos a observar como se sirven del país quienes deberían servirle.

Y uno más que debería servir y no servirse es nuestro honorable Presidente del Comité Olímpico Nacional, el afamado comunicador Luisin Mejía, quien ha demostrado su suprema incompetencia, y desgraciado deseo de trabajo a favor del deporte nacional. Un hombre que ha resuelto apoyar el deporte dominicano y que dedica todo su tiempo a ello, yendo a programas de televisión y de radio, exclusivamente a trabajar en post del deporte nacional.

Pero los verdaderos Héroes de esta historia no tienen nada que ver con programas de radio y televisión, vehículos lujosos y viajes mal pagados o pagados por el pueblo. Ellos son inocentes, y su único pecado ha sido esforzarse por ganar una presea que engrandezca nuestro pueblo, o sencillamente tener la gallardía de presentarte en una fiesta deportiva internacional de tal magnitud a defender con valentía el honor de la República Dominica.

Cada uno de nuestros atletas se merece una lluvia de aplausos por el esfuerzo hecho, y en el caso de algunos por los logros alcanzados. Cada uno merece el favor del pueblo dominicano, en especial: Félix Manuel Díaz, medallista de Oro y Yulis Gabriel Mercedes, medallista de plata en la categoría de 58 kilos para Taekwondo en los Juegos olímpicos de Beijing.

Ellos merecen ser celebrados como dominicanos valientes, leales y patriotas, pues su entrega a la causa nacional fue sincera, total y desinteresada, sin importar lo que digan o piensen algunos ignorantes. Felicidades pueblo dominicano, y roguemos a Dios por la patria y que siempre nos permita ser libres e independientes. Que viva República Dominicana, que viva este maltratado pueblo, y que vivan los atletas nacionales, que no importando las miserables condiciones, con las frentes en alto defendieron el orgullo nacional.

Historia de titanes




Tras una noche más de eterno trabajo sin descanso, recubro mis ojos con los recuerdos de mis días de secundaria, llenos de esfuerzos inhumanos, motivados por el deseo de complacer el capricho de dar terminó a tareas sin sentido, a otras carentes de lógica, tareas, que con un fin desbordado por intereses bondadosos, buscaban depurar esa fuerza natural innata que nos movía a perseguir y alcanzar nuestros sueños.

Una fuerza elemental, primitiva movía nuestros cuerpos en post de alcanzar cada una de nuestras metas, una fuerza que a la larga necesitaría ser depurada. Esta fuerza natural, de alguna forma rudimentaria, fue el inicio de una historia que acabaría transformándonos, acercándonos al poder olímpico, que representa la madurez de un titan.

Tal transformación necesito tiempo, técnica y dedicación; pero tuvo sus frutos, unos frutos tan dulces como la miel, tan sensibles como la piel y tan fuertes como el acero. Somos un proyecto tangible, una fuente de sueños hechos realidad y de muchos por hacerse, somos resultado de una visión transformadora, de visionarios futuristas que encontraron en nosotros la materia prima para una obra de arte. Siendo modestos, somos lo que hemos querido ser, lo que nos enseñaron ser, la cúspide de una visión idealista, poco convencional e innovadora.

Fueron múltiples los obstáculos que enfrentamos, pero gracias a ellos, nuestra fuerza fue puesta a prueba, logrando sobre pasar cada limite, cada ensayo, cada experimento. Cada logro fue motivo de alegría, pero resultado de entereza, dedicación, calidad y deseo. Cada esfuerzo fue motivado por nuestros logros propios, por el apoyo de un público, que nos observo mientras nuestras vidas cambiaban y se hacían cada vez más complejas, a sus ojos, y difíciles de entender. Ya cada conversación tenía un sentido diferente, un nivel más avanzado, un sentido más intrínseco, para ellos indescifrables, y muchas veces sin sentido alguno.

Pero la lección más importante, para estos titanes, fue la humildad. Quizás fue difícil en principio, pero la madurez en un mundo tan inmaduro se logra con esfuerzo, y estamos acostumbrados al esfuerzo; por eso no fue tan difícil desnudar el alma, y enriquecer nuestro espíritu con tales ideales de gentileza, lealtad, bondad, humildad y piedad, virtudes dadas por Dios a seres especiales. Y lo somos, seres con características inhumanas, pero tan humanas que nacen desde el sentir más elemental de la vida, ese que parte del corazón y encuentra sentido en el espíritu mismo.

Por eso, ahora, somos mas que titanes, somos seres indescriptibles, con virtudes grandiosas, que debemos retribuir como agradecimiento de tal regalo. Regalo que denota confianza, y no de nuestros iguales, sino de él quién vio en nosotros seres que podrían cambiar este mundo, haciéndolo un mejor lugar para vivir, para que los nuestros lo disfruten y consigan en él la paz, la alegría y el amor que a mucho se les ha sido arrebatado.

Fuimos titanes, pero hemos madurado con un fin, un fin divino y por tal debemos hacer lo imposible por dar frutos, pues ha sido sembrada en nuestro corazón una semilla que terminara madurando tanto poder natural hasta engrandecerlo y convertirnos en la musa inspiradora de la alegría del mundo.