sábado, 23 de agosto de 2008

Historia de titanes




Tras una noche más de eterno trabajo sin descanso, recubro mis ojos con los recuerdos de mis días de secundaria, llenos de esfuerzos inhumanos, motivados por el deseo de complacer el capricho de dar terminó a tareas sin sentido, a otras carentes de lógica, tareas, que con un fin desbordado por intereses bondadosos, buscaban depurar esa fuerza natural innata que nos movía a perseguir y alcanzar nuestros sueños.

Una fuerza elemental, primitiva movía nuestros cuerpos en post de alcanzar cada una de nuestras metas, una fuerza que a la larga necesitaría ser depurada. Esta fuerza natural, de alguna forma rudimentaria, fue el inicio de una historia que acabaría transformándonos, acercándonos al poder olímpico, que representa la madurez de un titan.

Tal transformación necesito tiempo, técnica y dedicación; pero tuvo sus frutos, unos frutos tan dulces como la miel, tan sensibles como la piel y tan fuertes como el acero. Somos un proyecto tangible, una fuente de sueños hechos realidad y de muchos por hacerse, somos resultado de una visión transformadora, de visionarios futuristas que encontraron en nosotros la materia prima para una obra de arte. Siendo modestos, somos lo que hemos querido ser, lo que nos enseñaron ser, la cúspide de una visión idealista, poco convencional e innovadora.

Fueron múltiples los obstáculos que enfrentamos, pero gracias a ellos, nuestra fuerza fue puesta a prueba, logrando sobre pasar cada limite, cada ensayo, cada experimento. Cada logro fue motivo de alegría, pero resultado de entereza, dedicación, calidad y deseo. Cada esfuerzo fue motivado por nuestros logros propios, por el apoyo de un público, que nos observo mientras nuestras vidas cambiaban y se hacían cada vez más complejas, a sus ojos, y difíciles de entender. Ya cada conversación tenía un sentido diferente, un nivel más avanzado, un sentido más intrínseco, para ellos indescifrables, y muchas veces sin sentido alguno.

Pero la lección más importante, para estos titanes, fue la humildad. Quizás fue difícil en principio, pero la madurez en un mundo tan inmaduro se logra con esfuerzo, y estamos acostumbrados al esfuerzo; por eso no fue tan difícil desnudar el alma, y enriquecer nuestro espíritu con tales ideales de gentileza, lealtad, bondad, humildad y piedad, virtudes dadas por Dios a seres especiales. Y lo somos, seres con características inhumanas, pero tan humanas que nacen desde el sentir más elemental de la vida, ese que parte del corazón y encuentra sentido en el espíritu mismo.

Por eso, ahora, somos mas que titanes, somos seres indescriptibles, con virtudes grandiosas, que debemos retribuir como agradecimiento de tal regalo. Regalo que denota confianza, y no de nuestros iguales, sino de él quién vio en nosotros seres que podrían cambiar este mundo, haciéndolo un mejor lugar para vivir, para que los nuestros lo disfruten y consigan en él la paz, la alegría y el amor que a mucho se les ha sido arrebatado.

Fuimos titanes, pero hemos madurado con un fin, un fin divino y por tal debemos hacer lo imposible por dar frutos, pues ha sido sembrada en nuestro corazón una semilla que terminara madurando tanto poder natural hasta engrandecerlo y convertirnos en la musa inspiradora de la alegría del mundo.

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