
Confía en mi, sin ataduras, pues necesito de mis manos libres para enseñarte cuanto te amo, sin agitaciones, sin preocupaciones, sin apartarte de esa paz interna que deseas encontrar. Los frutos del amor son proporcionales a la entrega, y si nos entregamos, seremos recompensados eternamente.
No te desesperes, cierra los ojos de tu alma, y grita al cielo cuanto me puedes querer, cuanto deseas mis planes que son los tuyos, tus planes que son los míos. Entrégate a mí, pero con confianza, con libertad, no con deseos de imponerte sobre mí, sino con deseos de descansar en mí, deja en nuestras manos tu porvenir. Abandona el razonamiento lógico, por un instante e intenta no tratar de resolver las cosas, como siempre, a tu manera. No quieras que te cure, y a la vez sugerirme cómo hacerlo, pues si supieras no acudirías a mí. Déjame llevarte por un sendero de luz y tranquilidad, de aguas cristalinas repletas de un brillante sabor a alegría.
NO te sientas confundida ni te dejes abatir y agitar por los problemas de la vida, permíteme cuidar de todas tus cosas, se que con mi ayuda todo irá mejor, entrégate a mí, sin agitaciones, sin prejuicios y sin sentido.

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