viernes, 3 de abril de 2009

Pequeño Tributo


Cuando iniciamos una larga jornada, el ocaso de la misma es lo que más anhelamos. Pero para ello debemos recorrerla, paso a paso, sin caernos o al hacerlo levantarnos y seguir hacia delante, aunque parezca imposible, aunque parezca nunca terminar. Cada peldaño alcanzado, cada obstáculo salvado es motivo de alegría, y aunque se entienda incoherente, de tristeza. Y más aun cuando en el camino encontramos seres especiales, como usted. Seres que hacen del camino más corto, de la carga menos pesada y de cada obstáculo un motivo de esfuerzo. Quienes al caernos nos bridan su apoyo para incorporarnos, quienes encuentran en nuestros errores motivos para empujarnos a mejorar, quienes nos enseñan el verdadero valor de las cosas, quienes con humildad y compasión demuestran su grandeza, su sabiduría y habilidad.

Es inspiración entre quienes apenas le conocemos, motivo de superación de todo el que a su alrededor se encuentra, pero más aun, debe ser motivo de orgullo para aquellos que tienen el gran placer de hacerse llamar su familia. La fuerza que infringe es la contraparte perfecta para el espíritu altruista y benévolo que le caracteriza. Nunca permita que arranquen ese brillo de sus ojos, esa sonrisa salvadora, y ese corazón piadoso que posee. Permanezca firme, nunca desfallezca y si ve asomarse un mechón de tristeza, desaliento o infortunio, pase balance y haga un juicio preciso de que ha sido su vida. Cuanto ha hecho, cuanto le queda por hacer por ese público, que ha sido espectador de su vida, de sus logros y que ha estado ahí, en silencio, esperando.

Es usted un ser humano maravilloso, virtuoso, integro, justo y honrado. Son pocos los que tienen el privilegio de acumular tales cualidades, y aun más en un mundo tan desastroso como es este en que vivimos. Por ello debe sentirse orgullosa, debes sentirse consagrada al Dios mismo, a su causa, a su lucha. Tiene un Don, que es regalo divino y que por lo tanto debe agradecer cada día, no con vanas plegarias sin amor y sin sentido, sino con conversaciones verdaderas, de corazón y con hechos. Hechos tangibles, como preservar la vida misma, por ante todo, incluso por encima de su propio beneficio.

Quizás mis palabras no sean tan valiosas, quizás mi persona les haga perder valía, pero quiero que sepa que nacen de lo más puro y sincero que tenemos los seres humanos, nuestro corazón.

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